sábado 23 septiembre, 2017

¿La celeste volverá a ser una familia?

Por Manuel Araníbar Luna

En estos últimos tiempos es común ver familias enteras en que los integrantes, reunidos en la sala o sentados a la mesa, están conversando o jugando todos a la vez, pero … pero… por celular, desconectándose de la realidad, indiferentes a las alegrías y desgracias de la gente circundante.

Esa misma percepción de la familia cervecera la tuvimos en estos últimos tiempos. Años atrás era un polinomio con todos los factores actuando aglutinados, en sintonía, como un solo puño.  Los tribuneros saludaban a los jugadores y entrenador, y aplaudían al plantel, sin importar el marcador; los jugadores intercambiaban abrazos y fotos con la hinchada. ¿Por qué? Porque ponían ganas, expresaban su actitud, luchaban hasta el final. Claro, pifias y abucheos no faltaban, porque la tribuna no es una iglesia para sordomudos, mucho menos un hato  de borregos ni un antro de zombies.

COMO UN GORGOJO EN EL ARROZ
¿Cuándo se avizoraba el divorcio? Cuando el hincha que saltaba en la tribuna percibía que los once de la cancha no ponían ganas. ¿Y cuándo se perdió la interacción cuasi familiar? Cuando se notaba al toque, como un gorgojo en el arroz, que llegaban jugadores y/o directores técnicos que marcaban tarjeta pero no marcaban la diferencia;  cuando pensaban más en el cajero automático que en el equipo, preocupados más en la trampa que en la mujer oficial. Cuando llegaban buenos  entrenadores, excelentes profesionales, que vivían pensando más en los resultados del Telepódromo que en los rendimientos del equipo.

SENTADOS SOBRE TACHUELAS
Lo que no nace no crece. Uno no puede obligar a los recién llegados a convertirse en hinchas del Sporting. No pues, porque la celeste se lleva en la sangre y no besando la camiseta para la  foto.
Por esto es que a los recién llegados la afición les pide que, mínimo,  la respeten, que la suden, que vivan los partidos, que,  del mismo modo en que expresan su alegría cuando ganan, acentúen su  pesadumbre  cuando pierdan; que luchen por su titularato, que por lo menos se les note molestos en el banco de suplentes, anunciando el divorcio entre su trasero y el banco como si se hubieran sentado sobre tachuelas, apretando las uñas y masticando rabias, rogando que el DT los haga  entrar como reemplazo y sintiendo que son los llamados a aportar.

APAGANDO EL CELULAR
Hoy empieza una nueva etapa. Mejor dicho, se está remendando (suponemos) la anterior. Y los remiendos deben empezar por la frase central de líneas arriba. Se espera que nos sintamos todos en familia, alentando desde la tribuna, saludándonos entre todos, cortando el chateo del celular y olvidando las carreras de caballos cuando se viene un partido, sea este fácil o difícil;  teniendo siempre en cuenta que La Florida es la casa oficial y no la de la trampa.
Vamos a poner fuerza,  muchachos, que poniendo actitud para meter goles a la valla de enfrente y evitarlos en la propia valla se evita el divorcio con la hinchada.

elportalceleste.pe

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