sábado 21 octubre, 2017

Las cortitas: Marc Anthony en el Nacional

Por Manuel Araníbar Luna

Dos estilos de juego. El ganador jugó al estilo uruguayo. A meter un gol y retroceder, fue un equipo que no entró  a ganar sino a no perder. Y, a su vez, el perdedor jugó a lo que saben los peruanos que juegan fulbito desde el año cuarenta, el tuya y mía, el dame que te doy para meternos  tocando hasta el área chica.

Cervecero joven, ¿sabes quién impuso ese juego en el Sporting Cristal? Waldir Pereyra, Didí, hace cincuenta años.  Para aclarar la leche, Didí no impuso ese juego en el fútbol peruano sino en el equipo del Rímac, porque los peruanos siempre hemos jugado así desde los cuarenta. Cuál es la diferencia entre el toque  de ‘los palomillas del Rímac’ de los sesenta y el de los de ahora? Que Pepe Del Castillo, Mifflin, ‘Gato’ Vásquez y  ‘Velita’ Aquije la tocaban hacia adelante y los de ahora la tocan de camotito al costado y para atrás.

Marc Anthony en el Nacional. Y hablando del estilo de Pablito. Está bien, no es momento de  quemarlo en la parrilla cuando recién ha firmado contrato. Cuando la sartén está quemando, Pablo se juega el todo por el todo y se sabe  adaptar, a bandearse con lo que se tiene, se sabe acomodar a las circunstancias, lee el partido sin dogmatismos ni terquedades, salvo su insistencia de poner al  Piki en la línea defensiva. Pero en cuanto a la creación y el ataque, no había forma de entrar en esa procesión de sardinas. Nos hizo recordar la letra de la salsa de Marc Anthony “trato, lucho, lucho pero no consigo…”

Nueve caperucitas. El sistema de toque en pared  no cuajó porque el rival del otro lado del Zanjón,  más que un equipo, era una procesión de devotos encadenados de los brazos rezando porque la pelota no llegue a la puerta de su capilla. En determinado momento no había la clásica línea de cuatro y,  si exagerábamos la nota,  ni siquiera la de cinco. No, qué va,  eran nueve caperucitas que no salían de casa por miedo que se las coma el lobo, en este caso Loba.

Inoperancia, bendita palabra. Si hablamos de inoperancia, que es la palabra con la que algunos resumen el ataque celeste  tratemos de pasar una pelota entre palitroques apretados como sardinas, a ver qué pasa. Lo que va a pasar facilito es el aire pero no la bola.  A ver, inoperancia es ineficacia, incompetencia, ineficiencia, inutilidad.  ¿Qué hubieran dicho si con el manotazo de ahogado de Butrón la pelota se metía a su arco, si la pelota del Rayo entraba chocando el palo y Abram alcanzaba esa bola pasada, o la de Irven que se la barajó? Hablarían de contundencia, destreza, habilidad. ¿Ya ves cómo un golcito altera las reglas y el punto de vista de los cojumentaristas?

Cuando el santo no te toca… ¿Qué faltó? Patear de lejos. Tanto Loba como Tití definen bien desde fuera del área, y con potencia, pero esta vez no ligó, pues. Y cuando no te liga una es por demás. Aun así, un antiguo refrán dice que “cuando el santo no te toca ni el mismo diablo la emboca”. Hay noches así, llenas de maldiciones gitanas como la del miércoles; en ese partido podían patear mil veces y la pelota no iba a entrar.

El tren eléctrico. Aunque el ganador no jugó fútbol sino vale-todo, vinieron a hacer su negocio  y lo lograron. Diferente sería decir que lo merecieron, aunque ya se ha dicho hasta el empacho que no ganan quienes lo merecen sino quienes se ven ayudados por un gol  en offside. Tampoco estuvo prohibido que después se pusieran en su área como tranquera de playa de estacionamiento y, más que ello, atravesaran un vagón del tren eléctrico con todos los jugadores encadenados brazo con brazo.

Cruzando los dedos. Los mismos aliados del  equipo victoriano reconocen que el mejor fue Butrón. Y por ahí, sombreado entre los matorrales, uno que otro monigote repite lo que le dicta la prensa chichera: que ganaron con coraje y otros términos que son parte del negocio de tufillos  opiáceos de los que saca buen provecho los diarios de las comadres.  Cada uno gana como puede y cada equipo  es dueño de sus miedos. Porque fue el miedo el que los obligó a refugiarse en su área para resistir abrazaditos un bombardeo implacable. Tanto era el pánico que en los momentos más picantes, sus mismos barristas ya no los alentaban, cruzaban dedos y se santiguaban.

Defensa sin sobresaltos. A propósito, admitimos nuestra equivocación al haber vaticinado que, aprovechando la baja estatura de Piki y Chaveta, al Sporting lo iban a ahogar a punta de centros pasados. Sinceramente nos equivocamos. Este fue el partido en que los defensores cerveceros menos problemas pasaron. Ya dijimos que desde su gol a los 15’ , mucho antes de la expulsión de Cossio, las líneas  victorianas se retiraron para quedarse estancadas  en su área. Luego del gol no atacaron, salvo un par de escapadas tras un par de salidas en falso, y después el Piki bien se podía echar a dormir la siesta. Claro que Jorge Lucho no la durmió porque, conocida su actitud,  también se mandó al ataque.

Bambetta. Ahora bien, no discutamos si el gol fue en posición adelantada, o si se tiraron para atrás. Lo que debemos prever es el siguiente partido nuestro. Porque al Cristal todo el mundo le juega así desde hace tiempo. Algo nos dice que  el equipo va a lograr mayores notas. Y si alguien nos quiere hablar de inoperancia mencionemos también la de Bambetta quien sancionó una infracción que no fue, convalidó un gol en offside y se dejó pechar como estropajo por los matuteros. ¿Más comentarios? Díganlo nomás pero sin mentar la madre porque hay señoras presentes.

elportalceleste.pe

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