sábado 21 octubre, 2017

Los Chiches, el Toro y el Alacrán

Por Manuel Araníbar Luna

Aclaración necesaria.

Los celestes no celebramos empates. Eso déjenselo para los seguidores del equipo de Ate. Recordemos que en la fecha de su aniversario le empató a las finales al cervecero y lo celebraron como si le hubieran ganado al Barza. No obstante, es del caso celebrar otra victoria más de los celestes contra las arcas mermeleras de la prensa chicha que ya tenía listos los titulares resaltando garras y otras fumarolas opiáceas. Los pasquines chicheros perdieron plata, pues, y eso sí lo celebramos porque perdieron muchas chinas de una hinchada manejable, cándida e ilusa.

De estrategas y conveniencias…

Luego del tempranero gol, el DT de la cacareada zarpa utilizó las uñas para engancharse con ellas a su propia área (imitando lo que hizo una semana atrás su colega del otro lado del Zanjón). Está en su derecho, pues, cada uno es amarrador cuando le conviene, hace lo más fácil cuando le conviene: lanzar el patadón estilo chacra y acurrucarse como pollos bajo el ala de mamá cuando le conviene. Si su hinchada celebra eso y lo llama garra, allá ellos. Ya escribimos de ese gusto por comprar papel higiénico de a china.

Jugando con el peligro.

Sí, es bonito salir con la pelota jugada, tal como en los partidos de fulbito de barrio, tal como en los noventas y más acá, como en la era Mosquera. Pero estamos jugando la estrella 19 y no pichangas de solteros y casados. Últimamente el hincha cruza los dedos cuando hacen esos chiches en la salida. Y la razón es que absolutamente todos los rivales les están tomando la placa e ipso pucho les mandan la moto con sicarios. Siempre hay raqueteros del futbol esperando el pasecito corto de la Oveja Viana para acosar, sorprender y quitarles la pelota. Esto ha sucedido últimamente con el equipo de Matute, luego con Cantolao y ahora con el equipo de Ate.

Y no es que dudemos de la calidad de los guachimanes  cerveceros. Es que parece que se contagian de autosuficiencia. Los chiches y las paredes cortas son estupendos cuando se trata de abrir defensas en zona contraria.  Ya lo dijo Uribe:

“Yo la cucharita la hacía en tres cuartos de cancha pero jamás en las cercanías de mi arco”

Porque cuando la pierdes adelante, es como si se rompiera la punta del lápiz. Fácil, agarras el tajador y listo, la punta sigue afilada. Pero si la pierdes en salida, todo lo planeado en la pizarra se desmondonga, gol en tu propia valla y empiezan los quebraderos de cabeza, los apuros y las mentadas de madre. Recordemos que Viana casi mete las cuatro cuando quiso hacerle un quite de torero a Rengifo. Uf,  estos bloopers son más espeluznantes que una película de terror. Ya párenla, pues, estamos en temporada de circo, pero no queremos payasadas en el área. La hinchada quiere una estrella 19 limpia y brillante, como placa de raya.

Veneno de Alacrán…

Dicen que quien se niega a ver la realidad es un cobarde. ¿Qué se le puede decir, entonces,  a un arbi-trucho que no quiso ver un penal más claro que nalga de monja  contra Chávez, estando allí a tiro de moco? El aludido se guardó la vuvuzela en un lugar innombrable, además de permitir patadas arteras de los jugadores del equipo de Gremco. ¿Es un árbitro Fifa, Rifa o engañifa ese señor que le gusta la peliculina como actor de Al fondo hay coima? ¿Cómo se apellida, Alacrán o Alharacón?

Toro mata…

El Toro Blackburn hizo un tanto in-GOL-vidable (palabra acuñada por Ernesto Moreno Ampuero, el Historiador Celeste, para referirse a goles que marcan historia). Y lo fue por su despedida, por lo que significó, no por el empate en sí sino por haberle malogrado los titulares a la prensa chichera. Los mató sin celebrar el Toro Mata. Miró a la tribuna, hizo un ‘no’ con el dedo, se arrodilló, derramó una lagrimón y miró al cielo. No fue un frentazo  contundente y al piso, como lo exige la tradición, fue una bombeadita con el parietal que conectó tras un centro de Jair, quien durante todo el partido le había descalabrado la cintura a Corzo y compañía. Lástima que el gol sólo  fue una alegría pasajera, porque no se ganó un punto sino que se perdieron dos. Pero así el soccer, mis hermanos cerveceros.

 

 

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