lunes 23 octubre, 2017

LOS GUERREROS NO CELEBRAN EMPATES

Por Manuel Araníbar Luna.

“Otro poco de calma, camarada…

(César Vallejo)

Si, calma, serenidad, mesura, que no cunda el triunfalismo, no cantemos victoria antes del repechaje. Sí, claro, la luz del túnel se ve un poco más clara pero es sólo una luz, aún no es la puerta de salida (o de entrada)  al éxito.Y es que aún faltan ciento ochenta minutos contra un rival al que no hay que mirar por encima del hombro. Por el contrario, sus jugadores son tan altos que son ellos quienes nos miran así.

Unos timoratos y otros acelerados…

Resumiendo el partido, no se jugó bien. Una suerte de desesperación se había enquistado entre los rojiblancos. Cueva hasta las cuevas, Carrillo alocado como un chiquillo, Paolo siempre solo, Corzo no agarraba el curso, Flores marchito, sin agua en el florero. Yoshimar se trababa sin poder armar. Los arquitectos de la línea de creación montaban paredes de cartón y a los segundos las fofas paredes eran demolidas por los fornidos defensores colombianos, los cuales esperaban serenos  las incursiones de los cholos.  Pero los norteños tampoco salían y si lo hacían era sólo por un ratito para ver si llovía. Así las cosas, a los delanteros visitntes tampoco les iba mejor: Corzo se jamaba a James, Falcao jugaba desfalcado ante la limpia anticipación del Mudo, y Cuadrado la veía como su apellido. Sin hacerse daño, salvo una que otra escaramuza de partido de fulbito, se fueron a descansar.

Gol de la visita…

¿Descansar, para qué? ¡La Bruja del 71 tenía que guapearlos jalándoles las orejas! Habían entrado a la cancha para pelear la clasificación pero caminaban timoratos como si el partido les importara un guairuro, esperando un milagro en el mes morado. Quince minutos después entraron a la cancha con otra actitud pero no tanto que se note. Unos se aceleraban y otros se ovalaban, si cabe el término. Porque abusaban del pasecito lateral intrascendente, vano, cansino, ahuevante. Además, el Mudo había salido por lesión y eso creaba preocupación en la zaga porque, sin desmerecer a los otros, había sido el baluarte defendiendo y anticipándose a los peligrosos delanteros visitantes.

Pero todo partido es un enigma. Pese  a que los delanteros colombianos no hacían ni yaya, la defensa se desbarata. Un centro facilito y manejable es pivoteado por un mastodonte, la recibe un compañero que quiere quebrar a Araujo, este la pedalea pero se le va, el delantero se la suelta a James que sin pensarlo manda el zapatazo. Uno a cero y el estadio queda  mudo como Rodríguez en el banco con hielo en la pierna. Gareca no disimula su jaqueca y Solano se rasca el anillo. El gol de la visita despierta al elenco cholo que esta vez sí se pone las baterías recargadas, y empieza adelantar pero como siempre el intrascendente pasecito seguro para no embarrarla.

Una espina para Ospina…

Actitud había, lo que no se veía era orden, ni serenidad, ni obediencia al libreto y ni mucho menos rebeldía para improvisar. Es entonces que, cuando el panorama se ponía borroso,  un back amarillo rechaza y la pelota viene dando saltos como conejito a una altura tal que no se sabe si levantar la pierna o pararla de pecho. Corzo y el back se vienen acercando al choque y cada uno opta por hacer la contraria, mientras el colombiano levanta la guadaña, Corzo –vivo él-  mete la mitra y el colombiano casi lo degüella. Ricci levanta el ala para demostrar que se había echado desodorante a bolita y para indicar que es tiro indirecto. Paolo es el dueño, piconazo por no haberle anotado a los ches en la última jugada del partido anterior. “Esta es mía”, murmura con rabia, “no me la pidan”. Y lo dice con la mirada tan furiosa que a Cuevita le da miedo pedírsela. Tampoco el Depredador se la iba a dar porque ya estaba tomando medidas con teodolito, vista láser y visor telemétrico. Veamos, Ospina ya la había embarrado la fecha anterior. Estaba frío porque no le había llegado ni una pequeña canica con la cual calentar el cuerpo.  Paolo, concentrado en meterle el estilete al arquero, no se percata de que Ricci había levantado la mano como agarrando el pasamanos de un bus invisible midiendo un par de pasos hacia atrás. El capitán, frunce una ceja, y entrecierra el ojo de águila. Ospina tiembla de nervios. Paolo con el cuchillo entre los dientes se da cuenta que la barrera está mal hecha, que por ahí puede entrar la gorda. Da un pasito para atrás, da el otro y sin tomar vuelo le da a la gorda con el dedo gordo. La redonda hace una curva de plátano bellaco, le zumba la mitra al último defensa y, cuando se está metiendo al tono sin permiso, Ospina la cachetea pero la gorda conchuda, se sigue metiendo al tono para abrazarse con las piolas. Ospina termina clavado, atorado con una espina. Uno a uno.

Los caudillos no celebran empates…

Salta el estadio, como si hubiera temblor, estalla la tribuna, dos peruchos corren a sacarla del arco. Todos contentos abrazan a Paolo pero el Depredador sigue molesto. Grita “Gol carajo”, mienta la madre y besa su camiseta pero siempre fruncido, como si al águila aún le faltara carne cruda, porque sigue pensando  siempre en el triunfo, no en el empate. Porque para un guerrero no hay empate que valga. ¿Acaso los soldados van a la guerra pensando en empatar, me mataste uno yo también te mato uno? ¡Nooo!, un Guerrero de raza entra siempre a la cancha para ganar la batalla y no para equilibrar la balanza.

Los peruanos siguen apurando pero falta muy poco y ya no piensan en dársela a Paolo sino en que cada uno haga su jugadita para lucirse ante las cámaras pero no para buscar el segundo después de la sopa y antes del postre. Por ahí les pasan el bocinazo de que los llaneros venezolanos le están ganando a los guaraníes y que los cariocas está destrozando a los rotos.  La Bruja les da las últimas instrucciones en idioma rioplatense.

-Che, pibes, parenlá, tenganlá, arrullenlá, aguantenlá, que sha tamo en repechaje, sha tamo, ¿viste?.

Y los peruchos la empiezan adormecer, de acá para allá, cantando la mar estaba serena, serena estaba la mar♫♫♫. Los colombianos ídem, satisfechos porque ya clasificaron, también la duermen y se meten a su guarida a esperar ataques de los peruchos. Pero los cholos han guardado las armas, han hecho tregua, ya no quieren hacer nada por la vida ni por el cuarto puesto. Como les han dicho que no hay quinto malo prefieren el quinto ¿A nada? (No le digan esto a Guerrero porque el capitán odia esta frase)

Al ver el partido tan aburrido, Ricci sopla la vuvuzela para meterse un richi con sus banderilleros Carvalho (¿cuñado de Julinho?) y Van Gasse que está soltando mil gases. Todos saltan, gritan y lloran. ¿Y saben quién es el único que no celebra? Paolo. Es que el capitán, el general de mil batallas, el adalid de la franja, jamás va estar contento si no gana los tres puntos. Y lo dice al final cuando todos lo abrazan:

-Pudimos haber hecho un poco más, lo más importante es el sacrificio de todos y hay que pensar en el repechaje

En fin. Sirve el empate, pero por favor, díganle a Guerrero que no siga fruncido, que por favor sonría, que el partido ya terminó. Buenas noches.

CODA.

  • La polémica: ¿roza o no roza la pelota mantecosa en un back cuando el Paolo le mete la curva de Pasamayo? Para nosotros no, pero para Ospina sí. Bah, no importa, la cosa es que entró.
  • No piensen que Nueva Zelanda los jugadores son kiwis, esas aves más raras que gallina con colmillos. Tienen jugadores en el extranjero y su centro delantero juega en la Premier League y mide más de 1.90mts.

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