Domingo 20 Agosto, 2017

Nicolás Nieri, el pulmón cervecero de los sesentas

Por Manuel Araníbar Luna

“Los bienes y las glorias de la vida
O nunca vienen o nos llegan tarde…”
(Manuel Gonzales Prada)

Un respetuoso caballero en su vida fuera de los estadios. Un caballero al momento de entrar a la cancha con un ondeante banderín celeste en ristre. Un caballero al saludar a la tribuna levantando los brazos. Un caballero mostrando con orgullo la banda de capitán. Un caballero al estrechar efusivamente la mano a los árbitros y en el cambio de banderines con el capitán adversario. Un caballero en el lanzamiento de la moneda al aire para elegir cancha o bola. Un caballero al tomarse la foto codo a codo con los jueces y el capitán  contrario. Todo un caballero hasta el momento en que el juez pitaba el ¡vamos!

De caballero a demoledor…

Entonces la metamorfosis. Luego del silbatazo el caballeroso volante cervecero se convertía en un tigre que guapeaba, que metía la pierna  con fuerza pero sin mala intención,  apoyando a la defensa y a la delantera, aunque era más de contención que de armado. También sabía tocarla fino, sí, pero -como decía Didí- ¿para qué mandar a Nico a tocarla en corto si en el Cristal teníamos demasiados jugadores finos? Eloy, Tito y Mellán y Chito imponían respeto en la defensa. Y en el medio campo se necesitaba un escudero armado para cortarles las alas a los creadores rivales, y en la volante cervecera de los sesenta es puesto estaba reservado para un solo jugador: Nicolás Nieri.

Por saber cuidarse de los excesos extrafutbolísticos y conocer al dedillo los fundamentos de la educación física, Nico supo desarrollar un supernormal aguante para trotar los 90 minutos sin bajar la guardia ni soltar el acelerador, sin ablandar los choques ni dar por perdido ningún partido. Y lo demostró en las olimpiadas de Roma, enfrentándose sin flaquear a poderosas escuadras de verdaderos atletas. (Para una mejor descripción de su estilo rompedor y actitud guerrera, hay una simpática anécdota  de Nicolás Nieri en un enfrentamiento con el Santos de Pelé. La publicaremos en el siguiente post).

Dinamiteros y arquitectos…

Desde aquellas lejanas épocas de los sesentas, en la volante cervecera siempre se formaba un equilibrado binomio de jugadores disimiles, de diferente característica, un dinamitero al lado de un arquitecto, un Caín acompañando a un Abel: los Abeles generadores de fútbol, jugadores pensantes que armaban paredes como Ramón Mifflin y Pepe Del Castillo; y los Caínes, obreros de demolición de casco y overol que destruían las creaciones  de jugadas de los adversarios, como es el caso de Nico. El capitán cervecero reunía  todas las características de los jugadores que se ponían la camiseta 5 o 6. Es decir los rompedores. Sus contrapartes en la volante fueron  Ramón Mifflin y Pepe del Castillo. Ellos elaboraban jugadas y Nico les cuidaba las espaldas.

“¡Mejor saca los córners con la mano!…”

Antes de Nico, el volante trajinador por excelencia del futbol peruano era Carlos Lazón, conocido como  Tres Pulmones. No obstante los medios escritos soslayaron el generoso despliegue físico de Nico, quien lo hacía a mayor velocidad. Oscar Artacho decía que si Lazón tenía tres pulmones Nico tenía cuatro. Pero el volante cervecero tenía otra virtud, era el rey de los saques laterales, unos centros virtuales que ejecutaba con inusitada fuerza.

Para graficar la contundencia en sus lanzamientos basten un par de anécdotas. Una vez le preguntaron de donde provenía tanta fuerza para sus saques. “Es que soy albañil”, respondió, “y era cierto, cuando era adolescente ayudaba a mi tío que era albañil”. Y ahí está la explicación, los albañiles peruanos se lanzan los ladrillos de un piso a otro, y muchas veces los lanzan de dos en dos. En cierto partido le lanzaron un grito desde la tribuna Occidente:

-¡Hey, Nieri, mejor saca los córners con la mano porque con el pie no vas a llegar!

El tercer tiempo…

Hoy Nico Nieri abandonó la cancha de este lado para jugar el tercer tiempo  en la otra cancha, la de la gloria, la de los inmortales, siempre ondeando brazos en alto el legendario banderín con el escudo celeste de flecos juguetones, mostrando su cintillo de capitán a la tribuna de los que se partieron primero. Y nos parece estar viéndolo, siempre caballeroso para entrar al cielo e intercambiar banderines con sus rivales de ayer. Hoy es demasiado tarde para rendirle el homenaje que mereciera en vida. Ya lo decía el Maestro Gonzales Prada:

Los bienes y las glorias de la vida
O nunca vienen o nos llegan tarde.

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